COLUMNA DE OPINIÓN
Septiembre Amarillo, prevención del suicidio y el papel de la escuela

Hay temas que llegan al calendario y otros que llegan a la vida. El 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, pero para una familia que ha perdido a alguien, para un adolescente que atraviesa una crisis o para un docente que no sabe qué hacer frente a una señal de alarma, la fecha no dura veinticuatro horas. El dolor no entiende de calendarios.
Por eso septiembre, y ese amarillo que se ha convertido en un símbolo de conversación y sensibilización, debería servirnos para algo más que iluminar edificios, publicar una pieza en redes sociales o llenar los colegios de carteles. Debería ayudarnos a preguntarnos, con honestidad, qué estamos haciendo antes de que una crisis llegue al límite.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que cada año más de 720.000 personas mueren por suicidio en el mundo y que es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años. También insiste en algo que debería cambiar nuestra manera de hablar del tema: el suicidio puede prevenirse y la prevención exige acciones sociales, comunitarias, educativas y sanitarias, no solamente respuestas cuando la emergencia ya ocurrió.
La escuela también es un lugar de prevención
Cuando hablo de salud mental escolar suelo decir que la escuela es un sismógrafo del territorio. Allí se sienten movimientos que muchas veces todavía no han llegado a una consulta: un estudiante que deja de hablar, una adolescente que empieza a faltar, un niño que cambia radicalmente su comportamiento, un joven que se aísla, que pierde interés por aquello que antes disfrutaba o que comienza a despedirse de sus compañeros de una manera que nos incomoda.
No todo cambio significa riesgo suicida. Y aquí necesitamos mucha prudencia. Una escuela no puede convertir cada tristeza en un diagnóstico ni cada conflicto en una emergencia. Pero tampoco puede acostumbrarse a mirar hacia otro lado cuando aparecen señales persistentes de sufrimiento.
La cifra colombiana obliga a tomarnos en serio esta conversación. Según las Estadísticas Vitales del DANE, en 2024 se registraron 3.066 suicidios en el país, frente a 3.301 en 2023. La tasa pasó de 6,3 a 5,8 muertes por cada 100.000 habitantes. La disminución es real y debe reconocerse, pero una reducción estadística no significa que el problema haya desaparecido.
Y cuando miramos a la adolescencia aparece una señal todavía más fuerte. En las cifras preliminares de 2025 del DANE, los suicidios estuvieron entre las principales causas de muerte de los adolescentes de 12 a 17 años. En las adolescentes mujeres, las lesiones autoinfligidas intencionalmente fueron la primera causa de muerte y representaron el 20,7 % de las defunciones de ese grupo. Son cifras preliminares, pero suficientemente serias para recordarnos que la prevención no puede empezar cuando el estudiante ya está en urgencias.
Hablar del suicidio no es provocar el suicidio
Durante años hemos heredado un miedo que ha hecho mucho daño: creer que preguntar directamente por el suicidio puede sembrar una idea que antes no existía. La evidencia y las orientaciones de prevención no respaldan esa idea. Lo que sí puede hacer daño es dejar a una persona sola con una experiencia que no se atreve a contar.
Preguntar con serenidad no significa dramatizar. Significa acercarse. Significa poder decir: “Te he notado diferente, me preocupa cómo estás y quiero escucharte”. Y si la situación lo requiere, preguntar de manera directa y cuidadosa por pensamientos de hacerse daño o de no querer vivir. Una pregunta no reemplaza una valoración profesional, pero puede abrir una puerta que el silencio había mantenido cerrada.
La campaña mundial de 2026 mantiene el lema “Changing the narrative on suicide” y la invitación “Start the Conversation”: cambiar la narrativa y comenzar la conversación. No es un llamado a hablar por hablar; es una invitación a desmontar el estigma, construir conversaciones compasivas y convertir la prevención en una responsabilidad institucional.
En el colegio, prevenir es mucho más que identificar una alerta
Una institución educativa protectora no espera que aparezca una conducta suicida para preguntarse qué hacer. Trabaja antes. Enseña a reconocer emociones. Fortalece competencias socioafectivas. Construye vínculos. Forma a sus docentes para observar sin diagnosticar. Prepara a los orientadores para recibir y acompañar. Enseña a las familias que pedir ayuda no es fracasar. Y, sobre todo, construye rutas que funcionen cuando alguien necesita que el adulto se mueva.
En mis libros sobre salud mental escolar, educación emocional y primeros auxilios psicológicos he defendido precisamente esa idea: no podemos sacar la salud mental del consultorio y dejarla allí. Tenemos que quitarnos la bata para llevar el conocimiento a donde transcurre la vida. En la escuela eso significa convertir el conocimiento psicológico en herramientas que puedan utilizarse de manera responsable, sencilla y humana.
Los primeros auxilios psicológicos no son terapia. Tampoco son un diagnóstico improvisado. Son una respuesta inicial de apoyo, protección y conexión. En una situación de crisis, el adulto debe ayudar a reducir la exposición al riesgo, escuchar sin juzgar, mantener la dignidad de la persona, conectar con los responsables y activar la ruta correspondiente. El seguimiento posterior es tan importante como la primera actuación.
El semáforo no reemplaza al profesional, pero ayuda a mirar
Una de las herramientas que más he utilizado en mi trabajo es el semáforo. Su valor no está en ponerle un color a una persona, sino en ayudarnos a ordenar una situación. Verde puede significar que existen factores protectores y que podemos continuar fortaleciendo bienestar. Amarillo nos invita a detenernos, observar con mayor atención, conversar y activar apoyos. Rojo exige una respuesta inmediata y articulada frente a una situación de riesgo.
El semáforo no diagnostica. No decide por sí solo qué tiene un estudiante. No reemplaza una valoración clínica. Su función es mucho más humilde y, precisamente por eso, útil: evitar que un adulto vea una señal, la archive mentalmente y espere a que alguien más se ocupe.
La prevención necesita instrumentos, pero también necesita criterio. Un formulario lleno no salva a nadie si después nadie lee lo que allí quedó escrito. Una ruta en un manual no protege si nadie sabe a quién llamar. Una capacitación no transforma una institución si el conocimiento desaparece cuando termina la jornada.
La familia no puede llegar al final de la conversación
Hay otra conversación que debemos tener con padres, madres y cuidadores. La escuela no puede asumir sola la responsabilidad por la salud mental de un niño o un adolescente, pero tampoco puede trasladarla completamente a la familia. La corresponsabilidad significa construir puentes.
A veces los adultos preguntamos “¿qué le pasa?” cuando lo que el joven necesita primero es sentir que puede contar lo que le pasa sin recibir inmediatamente un regaño, una amenaza o una comparación. La casa necesita espacios para conversar, rutinas de sueño, límites razonables, acompañamiento y una relación en la que pedir ayuda no se convierta en una confesión castigable.
Y los docentes también necesitan ser cuidados. No podemos pedirle a un maestro que sea el primer respondiente emocional de todos sus estudiantes, que atienda una crisis, llame a la familia, active una ruta y después continúe su jornada como si nada hubiera ocurrido. El cuidado del cuidador también es prevención.
No necesitamos héroes; necesitamos sistemas
Uno de los errores más frecuentes en salud mental escolar es pensar que la prevención depende de encontrar a un docente excepcional, a un orientador incansable o a un rector particularmente sensible. Claro que las personas importan. Pero una política pública seria no puede depender de héroes.
Necesitamos sistemas. Necesitamos que la información relevante tenga trazabilidad. Que exista un responsable. Que las rutas estén actualizadas. Que haya seguimiento. Que una institución pueda aprender de los casos sin convertirlos en estadísticas frías ni vulnerar la intimidad de los estudiantes.
Por eso he planteado la salud mental escolar como un sistema de gestión: mirar, escuchar, proteger, conectar y seguir. Mirar lo que está pasando; escuchar antes de juzgar; proteger cuando existe riesgo; conectar con familia, orientación y servicios; y seguir acompañando cuando la crisis aparentemente terminó.
La OMS recomienda, entre otras medidas, fortalecer las habilidades socioemocionales de los adolescentes y detectar, evaluar, manejar y hacer seguimiento a las personas afectadas por conductas suicidas. También plantea la colaboración multisectorial y la vigilancia como componentes de una respuesta efectiva.
Septiembre amarillo debería durar todo el año
El amarillo puede ser una señal. Puede recordarnos que hay una conversación pendiente. Pero no debería convertirse en un color que aparece durante unos días y después desaparece de las instituciones.
Si queremos que septiembre tenga sentido, llevemos el mensaje al resto del año: una hora de educación emocional no sustituye una cultura institucional de cuidado; una charla sobre suicidio no sustituye una ruta funcional; un afiche no sustituye una conversación; y una remisión no significa que el caso terminó.
También debemos ser responsables al comunicar. El suicidio no debe presentarse con detalles innecesarios, dramatización ni relatos que puedan convertir la muerte en un espectáculo. La prevención exige hablar de manera cuidadosa, evitar el sensacionalismo, proteger la intimidad y orientar siempre hacia la ayuda. La OMS incluye la comunicación responsable en medios como una de las intervenciones recomendadas para la prevención.
Una pregunta puede cambiar el rumbo de un día
Quizás eso sea lo que deberíamos llevarnos de este septiembre. No la obligación de convertirnos todos en psicólogos, ni la angustia de creer que tenemos que resolver solos el sufrimiento de otra persona. Simplemente la disposición de acercarnos.
Un profesor puede notar que alguien cambió. Una compañera puede preguntar. Una madre puede dejar el celular sobre la mesa y escuchar. Un orientador puede activar una ruta. Un directivo puede garantizar que esa ruta exista. Un profesional puede intervenir. Una institución puede hacer seguimiento.
Nadie de nosotros tiene todas las respuestas. Pero sí podemos evitar que alguien tenga que atravesar una crisis sintiendo que no hay nadie al otro lado.
En septiembre hablamos de amarillo porque necesitamos un color que nos recuerde la vida. Pero la prevención del suicidio no debería depender de un color. Debería depender de nuestra capacidad cotidiana para mirar al otro, escucharlo sin miedo y actuar cuando sea necesario.
La escuela no puede impedir todo sufrimiento. Tampoco puede prometer que nunca habrá una crisis. Lo que sí puede hacer es convertirse en un lugar donde pedir ayuda sea posible, donde una señal sea tomada en serio y donde ningún niño, niña o adolescente tenga que demostrar que está al límite para que un adulto decida quedarse.
Porque prevenir no es esperar que alguien diga que quiere morir. Prevenir es construir, mucho antes, una escuela en la que alguien pueda decir que no está bien y encuentre a una persona dispuesta a escuchar.
Por: GIOVANNI RAMÍREZ VILLAMIL
Psicólogo · Autor en salud mental escolar · Experto en política pública territorial
Fuentes y respaldo técnico
Organización Mundial de la Salud. World Suicide Prevention Day 2026. “Changing the narrative on suicide” y “Start the Conversation”.
https://www.who.int/campaigns/world-suicide-prevention-day/2026
Organización Mundial de la Salud. Suicide. Ficha técnica actualizada el 28 de agosto de 2026.
https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/suicide/
Organización Mundial de la Salud. Salud mental de los adolescentes.
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health
DANE. Estadísticas Vitales – Defunciones No Fetales 2025, cifras año acumulado 2025pr.
https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/salud/nacimientos-y-defunciones/defunciones-no-fetales/defunciones-no-fetales-2025
DANE. Boletín EEVV, año acumulado 2025pr, publicado el 20 de marzo de 2026.
https://www.dane.gov.co/files/operaciones/EEVV/2026/20-mar-2026/bol-EEVV-IIsem2025pr.pdf
Ministerio de Salud y Protección Social. Estrategia nacional para prevenir y atender la conducta suicida y Código Dorado, 2026.
https://www.minsalud.gov.co/Comunicaciones/noticias/2026/Paginas/estrategia-nacional-para-prevenir-y-atender-la-conducta-suicida-con-la-activacion-del-codigo-dorado.aspx
Ministerio de Salud y Protección Social. Línea 106, orientación y apoyo en salud mental.
https://www.minsalud.gov.co/salud/publica/salud-mental/Paginas/linea-106.aspx
Documento de referencia del autor: El celular no es el enemigo, pero tampoco puede ser el dueño del aula. Archivo de trabajo del autor.
Nota editorial: Las cifras de 2025 citadas como preliminares conservan la condición “pr” del DANE. No se incorporan cifras nacionales de intentos o de “adicción” al celular como equivalentes al suicidio, ni se presentan estimaciones no oficiales.


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