Durante un año y medio, un hombre de 25 años permaneció vinculado, según su propio relato, al grupo armado organizado residual, GAO-r, Bloque Central Isaías Pardo, Estructura Ismael Ruiz, con presencia en los departamentos de Cauca y Huila.

Hoy, lejos de las armas y ante las tropas del Batallón Especial Energético y Vial N.° 12, de la Novena Brigada, tomó una decisión que, dice: «venía pensando desde hacía tiempo», la de someterse a la justicia y buscar una nueva oportunidad para su vida.
Su salida se produjo en zona rural de Yaguará, gracias a labores de inteligencia militar que permitieron facilitar su sometimiento.
Durante el tiempo que permaneció en la estructura, habría desempeñado funciones como integrante de la red de apoyo a estructuras residuales, RAER. Allí conoció de cerca las dinámicas de una organización en la que las órdenes debían cumplirse y en la que, según relata, desobedecer podía tener consecuencias que iban mucho más allá de una sanción.
Menciona personas señaladas de insubordinación que fueron obligadas a cavar su propia tumba. Lo recuerda como uno de los episodios más difíciles que presenció y asegura que estas prácticas no distinguían entre adultos y menores de edad.
También conoció otra de las realidades que más lo inquietó, el reclutamiento de nuevos integrantes. Según cuenta, cuando la estructura comienza a perder hombres, bajan hasta los caseríos en busca de los menores de edad.
Dice que una de las razones que lo llevó a tomar la decisión de apartarse fue su deseo de no continuar participando en acciones destinadas a engañar y reclutar menores. A sus 25 años, empezó a preguntarse por cuánto tiempo más quería permanecer en una vida que, además de mantenerlo alejado de su familia, lo obligaba a convivir permanentemente con la posibilidad de ser capturado o perder la vida.



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